Antes de cruzar las puertas de madera de doble hoja que encerraban la sala de juntas de aquel bufete, el abogado de Lisa Díaz la detuvo, tomándola de un brazo.
—Está bien, aceptemos esto: como tu defensor no lo recomiendo. Posiblemente Bader no tenga problema alguno a que esto se haga con permisos legales, ya que aún no se ha enviado tu denuncia a un departamento policial. Ella tendría que hacer llamar a un agente de la ley colaborador de su juridiscción. —La mujer escuchaba atentamente—. Así q