El barco atracó en el puerto con la suavidad de quien regresa a casa después de un sueño. El sol de la mañana brillaba sobre el mar, y el aroma a sal y a brisa marina se mezclaba con la emoción del reencuentro. Los niños saltaban de un lado a otro, con los brazos llenos de recuerdos: conchas marinas, piedras de colores y un sinfín de historias que contar.
—¡Mamá, mira lo que encontré! —gritó Alessandro, mostrándome una concha en forma de estrella.
—Es hermosa, cariño. —Lo abracé con fuerza—. La