Parada frente a la puerta del departamento de Leonardo, Thalia deja que sus dedos rosen la superficie fría del pomo, pero no se atreve a girarlo ni a llamar. El silencio a su alrededor parece amplificar la ansiedad que lleva dentro. Han pasado veinte días desde la última vez que vio a Leonardo, veinte días de ausencia y silencio. El peso de esos días la aplastan, cargado de auto preguntas sin respuesta, de mensajes sin contestar y de llamadas que solo le devolvían un contestador vacío.
Respira