Thalia estaciona el auto frente a la casa de su abuelo y fija su mirada en la entrada de los viñedos. Apagando el motor del auto, aferra sus manos con fuerza al volante, en su pensamiento si lo hace así, podrá controlar el temblor que quiere apoderarse de su cuerpo. Su pecho sigue subiendo y bajando de forma pesada, y aunque las lágrimas que rodaron por su rostro ya se han secado, las mismas dejaron un rastro visible en su piel. Apoyando su cabeza contra el volante, cierra los ojos por un insta