El silencio en que se encuentra sumido el comedor es profundamente incómodo. Las luces suaves del candelabro no hacen sino acentuar aún más la tensión en el aire. Thalia está sentada frente a su plato, pero no ha comido nada. Sus dedos juegan con los cubiertos, empujando pedazos de comida de un lado al otro de su plato, sin una intención real de llevarse un solo bocado de alimento a la boca. Alessandro, sentado a su derecha, la observa de reojo. No necesita preguntar qué es lo que ocurre para d