—¿Cómo te atreves? — Donatella comienza, la ira destellando en sus ojos, pero su voz es cortada bruscamente por Leonardo.
—Si por un solo jodido segundo cree que le permitiré hablarme de esa forma, entonces está muy equivocada, señora—, le espeta, su voz profunda pero serena. —No es quien para pretender decidir por mi o por Thalia. Ambos somos adultos, capaces de tomar nuestras propias decisiones. Entiendo que no encajo en su concepto de —pareja perfecta—, pero eso no importa. Yo amo a Thalia,