Mientras camina por la playa, Thalia se siente como una tonta. Cada paso que da sobre la arena húmeda parece hundirla más en el mar de lamentos que la acompaña. El sonido del agua rompiendo suavemente contra la orilla acompaña el eco en su mente de aquella escena en el bar. La imagen de la mujer desconocida besando a Leonardo se repite una y otra vez, como un jodido bucle que no puede detener. El dolor en su pecho se intensifica con el recuerdo de ese momento, como si alguien hubiera abierto un