Desde su lugar cercano a uno de los pilares, Siena observa la escena mientras una sonrisa plena y honesta se muestra en sus labios. Sus ojos se humedecen levemente ante las palabras y acciones de Alexander, pero no hay tristeza en ellos, solo orgullo. Ver a su hermana así, feliz, amada, le produce una calma profunda, una sensación de ciclo cumplido. Por un momento supone que es la misma felicidad y orgulloso que sentirían sus padres si estuvieran allí.
Victoria, de pie a su lado, tira suavemente de su mano una vez que todos comienzan a aplaudir mientras ve como sus ríos comparten su beso.
—Mamá —llama con un tono inocente y lleno de dulzura—, la tía Skye se ve más hermosa.
Siena baja la mirada hacia su hija y sonríe aún más al escucharla.
—Sí —responde en el mismo tono dulce—, lo está.
Volviendo a alzar la vista, lo hace justo a tiempo para ver cómo Alexander inclina la cabeza hacia Skye, susurrándole algo que la hace reír entre lágrimas y asentir mientras terminan de bajar la escaler