Mientras afuera la noche comienza a extenderse, en su habitación Siena se encuentra frente al espejo, girando lentamente sobre sí misma mientras observa cómo el vestido se adapta a su cuerpo de manera perfecta. La tela se adapta a su figura con suavidad, abrazando su cintura y descendiendo en pliegues largos que se detienen a pocos centímetros de sus tobillos. Por un instante, cierra los ojos y sonríe antes de respirar hondo, dejándose envolver por la sensación que le provoca ese vestido: una mezcla de magia, elegancia y un recuerdo lejano que la transporta a uno de los momentos más hermosos de su infancia. Si lo piensa un poco, tal vez la única vez que se sintió como toda una princesa fue cuando sus padres las llevaron a Disney cuando ella tenía seis años. Todavía puede recordar con claridad cómo sus ojos se abrían de par en par ante la emoción de cada espectáculo, la ilusión de estar en un lugar donde toda la magia era posible.
Sonriendo de forma genuina y cómoda por primera vez en t