Johanna permanece de pie frente a la ventana del salón principal, la espalda recta, sus manos cruzadas sobre su pecho y la mirada fija en el camino que lleva hasta la entrada de la propiedad. Cuando el reloj de la casa deja escuchar su campanada anunciando que acaban de dar la una de la tarde, su ceño se frunce ligeramente. Ya el cartero lleva dos horas de retraso en su entrega habitual.
Por lo últimos dos días, ha estado observando el mismo trayecto, a la misma hora, con la misma expresión tens