Para cuando Siena y Franco salen del sendero del bosque e ingresan en el camino principal, no solo la lluvia ha cesado, sino que también la noche ha comenzado a extender en la propiedad pesada, oscura, como si aún conservara la humedad del aguacero. Delante de ellos, un auto avanza por la grava mojada con un sonido tenue. Ambos cruzan el portón de la propiedad al mismo tiempo que el vehículo estaciona cerca de la entrada principal. El brillo de los faros ilumina por unos segundos la línea de ár