Las últimas dos semanas han sido un infierno para Siena.
Se supone que en ese momento debería estar estudiando para los exámenes finales, concentrándose, repasando apuntes, resolviendo ejercicios. Se supone que debería tener la mente fija en las fórmulas, teorías y fechas que pronto deberá recitar ante profesores implacables. Pero su cabeza está en otra parte.
O, mejor dicho, en otra persona. Franco.
Ya lleva dos semanas sin una sola respuesta a sus mensajes. Dos semanas sin un “estoy bien”, sin un “luego hablamos”, sin un simple “no puedo ahora”.
Nada.
Después del partido, después de verlo lesionado, después de verlo caminar con rabia desbordándosele por la mirada… simplemente desapareció de su alcance. Como si no existiera. Como si el mundo fuera demasiado grande para que dos mensajes la encontraran de vuelta. Y en principio intentó convencerse de que no debería importarle. No son nada. No se deben nada. No se prometieron nada.
Pero duele. Duele más de lo que está dispuesta a admiti