Las últimas dos semanas han sido un infierno para Siena.
Se supone que en ese momento debería estar estudiando para los exámenes finales, concentrándose, repasando apuntes, resolviendo ejercicios. Se supone que debería tener la mente fija en las fórmulas, teorías y fechas que pronto deberá recitar ante profesores implacables. Pero su cabeza está en otra parte.
O, mejor dicho, en otra persona. Franco.
Ya lleva dos semanas sin una sola respuesta a sus mensajes. Dos semanas sin un “estoy bien”, si