La luz del dormitorio principal brilla lo suficiente como para dibujar la silueta Alistair de pie frente a ella. El mayor permanece inmóvil, erguido con su porte militar y las manos entrelazadas a su espalda. Su postura transmite esa solemnidad natural que parece acompañarlo siempre, incluso en los momentos más cotidianos.
Pero justo en ese momento, hay algo distinto en él.
Su mirada fija atraviesa los cristales de la ventana y se pierde en la distancia, justo hacia la orilla contraria del lago