EMMA.
Noah guardó mis pantis negros en su bolsillo de la chaqueta, y me apresuré a arreglarme el vestido mientras negué.
—Realmente eres un loco andante… —y sus dedos apretaron mi boca, para darme un beso hambriento.
Tomé unas toallas del dispensador y las mojé un poco para limpiar su boca y cuello, y luego dejé mi bolsa en la encimera, para retocarme los labios.
—Ellos pensarán que no somos serios.
—Hay cosas más importantes que atender, no es mi culpa… —su mano se enredó en mi cintura, y lueg