ANDREA.
—¡Señorita Musk…! ¡Señorita…! —le saqué el dedo al guardia de seguridad, y tomé un auto sin escuchar a nadie.
Estaba harta, y odiaba cuando Noah me trataba como si no fuera su todo.
¿Por qué hacia esto? Él siempre había sido el primero para mí, el centro de mi universo y mi prioridad sin chistar ante cualquier persona.
Quité las lágrimas que se me escurrieron por las mejillas y luego vi por el retrovisor cómo al menos dos autos me seguían. Di las curvas pertinentes, y traté de tomar los