NOAH.
No pude conciliar el sueño.
Estaba sentado en el sofá en medio de la noche, mientras bebía un trago y miraba a Emma largamente tendida en mi amplia cama. Aún no entendía lo que estaba haciendo, pero no podía dejarla en otra parte que no estuviera a mi vista, ni mucho menos sola.
Había tenido que recurrir a un médico para que la sedara. Emma había entrado en una crisis emocional demasiado fuerte como para mantener la cordura, y después de sus confesiones catastróficas, era indispensable qu