Regresó con una bolsa de hielo envuelta en un paño y la colocó suavemente sobre mi ceja. Un escalofrío recorrió mi piel al contacto, pero el alivio fue inmediato.
—Gracias —susurré, recostándome contra las almohadas.
Él se sentó a mi lado, observándome con atención. Sus dedos se deslizaron por mi cabello apartándolo de mi rostro con delicadeza.
—Lo siento tanto… —murmuró, pude ver la sombra de la culpa en sus ojos.
—No pasa nada Mr Sexy —respondí, cerrando los ojos por un momento, dejándome e