Capítulo 83

Alan empezó a platicarme, yo sólo quería ignorarlo, pero era inevitable no mirarlo por el rabillo del ojo; quería ser polera para pegarme a su cuerpo, a veces se me escapaban sonrisas endiabladas por mis propios pensamientos.

—Te invito a desayunar —soltó de repente.

Otra vez mi boca me traicionó.

—¡No!

Arqueó una ceja, me miró un segundo y luego volvió la vista al frente.

—Te encanta decirme no —afirmó.

—No es eso, no quiero retrasarte de tus cosas —dije—. Acepto con una condición.

Me miró
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