Quería llorar. Sentía que la nariz me ardía por la fuerza con la que intentaba reprimir las lágrimas. No podía ser egoísta, no podía decirle "quédate", porque estaba segura de que si lo hacía, él se quedaría. Él merecía ser feliz y estar a mi lado solo le causaría dolor. Eso lo entendí aquella noche. El único pensamiento que se repetía en mi cabeza una y otra vez era: "No quiero que sigas siendo mi salvavidas, podría terminar hundiéndolo y no quiero."
Me quedé en silencio tratando de calmar m