—Quiero un Veneno, por favor —dije, ni siquiera dejé que hablara—. Quiero el mismo cóctel que me preparaste la otra noche.
Él me miró unos segundos y asintió dándome mi espacio, sabía leer perfectamente a las personas y entendió que no quería hablar del tema. Minutos después puso la copa frente a mí. Me la tomé sin siquiera pestañear, arrastré la copa y le pedí otro trago. Elevó una ceja, como si quisiera asegurarse de que estaba bien. Sentí el líquido arder mientras bajaba por mi garganta, per