Narra Alexia.
Me dolía la cabeza y esa vez no fue por el alcohol, busqué en mi cabeza mil maneras de tocar el tema. Ambos seguíamos tumbados sobre la cama con los ojos cerrados aunque estábamos despiertos. Giramos las cabezas y abrimos los ojos al tiempo como si estuviéramos sincronizados.
Silencio, un silencio que empezaba a sentirse incómodo. Ese silencio fue reemplazado por una hermosa carcajada sonora que soltó Luca mientras se sentaba. Un gesto de incomprensión apareció en mi rostro.
— No