Estaba que no podía más, me dolía todo, así que me alejé y empecé a tomar agua como si fuera el último termo sobre la faz de la tierra, pero mientras lo hacía escaneaba con descaro ese cuerpo y las gotas de sudor que bajaban por él, nunca había envidiado tanto algo, que rico ser sudor para recorrer ese hermoso cuerpo. En un momento él volteó la mirada encontrándose con la mía, se suponía que no debía ser tan obvia, así que la alejé de inmediato, pero eso no sirvió de nada porque noté que venía