La expresión de mi jefa se alteró. Me miró y sentenció:
—Ale, no puedo permitir esto aquí. No puedo tener este tipo de situaciones en el lugar de trabajo. Vamos a tener que prescindir de tus servicios.
Esas palabras cayeron como un balde de agua sobre mí. La humillación fue un poco agobiante, qué le costaba a mi jefa decírmelo en privado. Todas esas miradas de mujeres señalándome, atacándome como si fuera lo peor, no iba a agachar la cabeza. Vanessa aprovechó su momento para hundirme más.
—¿V