Josh la miró con comprensión y ternura. Sabía que no era necesario disculparse; él estaba allí porque quería estar, sonrió.
—No tienes que disculparte, Turquesa—respondió en voz baja, con una mano firme en su espalda mientras la otra apartaba un mechón de cabello pegado a su rostro—. Todos tenemos momentos difíciles… y está bien dejarse caer, es necesario para seguir adelante.
Ale asintió, pero sentía que todo se sacudía a su alrededor, por eso intentaba aferrarse a Josh, apoyó la frente en e