…
Eran casi las doce del día. Me di un baño, me maquillé para ocultar las ojeras. Miré el teléfono y aún no había señales de Alan. No dudaba de su amor, pero sabía que Vanessa haría cualquier cosa por retenerlo. Bajé a la sala, me sentí asfixiada en mi propia casa. Mis padres estaban ahí, esperándome. Me miraron fijamente, pero no con una mirada de amor sino una que me apuñalaba.
—Siéntate —habló mamá —. Ya han pasado unas horas desde… bueno tiempo suficiente para pensar las cosas con calma.