Sofía evitó suspirar. Si no es por Liam, no hubiese recordado la salid que le prometió a su pequeño, pero ahora no quería sumar más gente al paseo.
—Bueno, mañana veremos. O creo que sí, pero no te prometo nada. Vi en el pronóstico del tiempo que puede que llueva, así que no me quiero arriesgar a que nos mojemos y nos refriemos.
—Mamá, no te vas a poner malita otra vez, ¿verdad?
Raymond hizo una interrogante con su cara, mientras se tomaba los últimos sorbos de su gaseosa.
Otro suspiró reprimid