—¿Podemos hablar un momento?
Larry miró a Sofía, mientras terminaba de acomodar los vasos de cristal en la alacena, luego de que ella le hablara.
Miró el pasillo, donde se habían ido su mujer y sus hijas.
—Pensé que no me lo preguntarías, claro que podemos hablar.
La maestra arrugó las cejas por lo primero que él dijo y sonrió al mismo tiempo. No supo de qué hablaba, pero no se lo preguntaría.
—La cena estuvo muy deliciosa —dijo ella—. Fabiola cocina riquísimo.
Larry sonrió.
—De seguro, cuando