Dos años más tarde.
- Una rosa blanca y una rosa roja, por favor ... ¿Señora?
- Ivankov. Agatha respondió con voz ronca.
El hombre de ojos de lobo caminó por los pasillos de su tienda sin apartar los ojos de ella.
Agatha sintió que se le calentaba el estómago. Estaba feliz, más que nada.
¿- Dónde está tu marido?
- No tardará ... Sabes que él está muy celoso.
¿- En realidad? ¿Quién no estaría con una mujer así?
Apolo se detuvo frente a las amapolas y recordó la aburrida historia que le había con