Zola permaneció inmóvil, su respiración entrecortada mientras la miraba en silencio, rozando su mejilla. Estaba desnuda frente a él y curiosamente no sintió vergüenza.
- Si bella... tú eres tan bella…
Le ciñó la cintura, electrizando su piel sensible. Sus manos eran tan firmes que las sintió cerrarse sobre su piel como si quisiera tomar la prisionera.
La levantó levemente del suelo para que ella dejara completamente el vestido y la volviera a poner en el suelo. Un gruñido de aprobación escapó d