El domingo llegó con esa luz particular de la Ciudad de México que hace que todo parezca más nítido de lo que debería ser, como si el universo insistiera en que Valeria observara cada detalle de su propia destrucción con claridad dolorosa.
La residencia Santibáñez lucía engañosamente acogedora bajo el sol de mediodía. Las bugambilias trepaban por las paredes coloniales con la persistencia de quien no sabe cuándo rendirse, y el jardín trasero había sido preparado con el esmero que su madre reser