Mundo ficciónIniciar sesión- Ya le dije que no hay cambios.
El dueño de aquella áspera voz ni siquiera me está mirando. No debe ni pasar los 40. Sus ojos permanecen intactos en la carpeta blanca, cuyas hojas vacías se encuentra llenando. La superficie del alto escritorio que me llega hasta el pecho oculta sus dedos debajo de sí, haciendo que me sea imposible saber qué escribe exactamente. Solo veo el reflejo de la lapicera negra a través del cristal de sus lentes







