Hasta que la muerte nos separe.
Narra Matías.
Apoyé las manos sobre los fríos azulejos y absorbí la baja temperatura de aquel castigo en forma de diluvio hasta que penetró en mis huesos.
Soy un gilipollas y un egoísta, quiero más de lo que me pertenece, por esos chamacos hubiese sido mejor hombre, me habría alejado de Ignacia, pero, en vez de ello, la convertí en mi esposa e hice que la noticia de nuestro matrimonio fuera divulgada en todos los medios conocidos, en lugar de mantenerlo como un secreto entre unas cuantas pers