Domar a la fiera.
Narra Matías.
Caminé de vuelta a los lavabos, tomé la navaja, y la extendí a ella—aféitame— pedí dejando el tema zanjado.
—Es tu manera de evitarme. No sé afeitar y no lo haría de todos modos—me acerqué a ella y le puse la navaja en la mano llevándola a mi cuello.
—¡¿Qué haces?!—me pregunta aterrada.
—Sabes que odio que me lleves la contraria y tú sufres de hacerlo, ahora haz lo que te pido y no quitaré el dinero de tu cuenta, es mi respuesta final.
—Yo no lo quiero, también es mi respuesta