Dos fracasados.
Narra Matías.
Quiero devolverme, y entrar a ese consultorio, tomarla por los hombros y zarandearla con fuerza al mismo tiempo que le exijo para qué me diga el motivo o la razón que la conllevó a engañarme de ese modo; pero a la vez no quiero escuchar esa respuesta, ya que temo a que si me dice lo que me imagino que fue su motivo, duela más. Pues una cosa es suponer uno y otra es saber que mi pensamiento es verdadero.
El sabor de la desilusión que tengo en este instante de mi vida es amargo, y