Alucinaciones con el salvaje.
Narrador.
—Este hueso es duro de roer, muñeca de resina. Te aconsejo que le busques el papacito a ese chamaco, o si no te pasará como a doña Florinda— Martina abrió los ojos.
—¡Hijo por el amor del santísimo! — le regañó a su manera.
—Así mismo, mamá, por el amor del patrón es que se lo dejo claro, yo de vaquero un pelo no tengo—. Lorena ya no tenía la mano sobre su vientre tratando de verse bonita, sino que apretaba los puños a cada lado de su cuerpo.
—¿No recuerdas que fuiste a mí hace más de