Malo por bueno.
Narrador.
Al día siguiente:
Era fin de semana nuevamente e Ignacia esperaba con ansias a su padre para qué dialogara con Iván, ya que no quiso desayunar y cuando tocaron la puerta salió prácticamente corriendo para abrir suponiendo que era Gregorio o Luisa quienes tocaban, incluso vestida con una pequeñita bata de tela fina, ni siquiera se la cambió suponiendo que eran ellos.
—Sebastián…, —nombró en un hilillo de voz. Estaba incrédula.
Sebastián barrió con esos ojos escudriñadores u cuerpo de a