Aparcó el coche en una calle lateral cerca de su apartamento y la hizo pasar por una discreta puerta que daba a un club subterráneo con iluminación tenue y una música blues rítmica que acompañaba el latido de su corazón. Los condujeron a una mesa en un rincón, apenas iluminada por la vela en el centro, donde cenaron pasta con marisco de un plato compartido, seguida de pollo en una salsa cremosa exquisita.
Y hablaron en voz baja, con cuidado al principio, hasta que aprendieron a relajarse un poc