—Me voy a dormir —dijo ella, encogiéndose de hombros levemente cuando él la miró con escepticismo—. Suele pasar —insistió—. Así que he aprendido a tener cuidado.
—Te he visto beber antes —le recordó él—. Y no recuerdo que te hayas quedado dormida después. De hecho, parecía más bien una mujer de carácter fuerte. El pensamiento le hizo sentir un escalofrío y gimió para sus adentros. No quería asustarla, pero si no encontraba pronto la manera de estar a solas con ella, se volvería loco.
—Bebiendo