Antes de que pudiera especular más sobre la causa de su disgusto, el maître abrió una puerta al fondo de la sala y se hizo a un lado mientras esperaba a que pasaran.
Camille se contuvo, temblando de pies a cabeza como un pura sangre a punto de entrar en la pista. Para Theo, que recientemente había ampliado su interés por el mundo ecuestre con la adquisición de un caballo de carreras, la analogía parecía acertada; ella poseía la misma elegancia y gracia innatas de esas criaturas fascinantes y ne