Travis miró a Freya y sintió una punzada en el pecho. Sus palabras se perdieron por un instante en el brillo de esos ojos azules. Se veía tan joven, tan despampanante. Su cuello era largo y elegante, su piel tan pálida que podía ver las delicadas venas debajo. El vestido se ajustaba y realzaba cada curva, sentándole mejor ahora que años atrás. Su mirada se posó en la curva de sus pechos y sus palabras resonaron en su interior: «Soy la madre de tu hijo».
Momentos antes, cuando la había acercado