Tragó saliva al verla en cámara lenta, con la mirada fija primero en sus pechos aún audazmente descubiertos, luego en el suave monte de Venus entre sus muslos. Toda su ira, que antes controlaba, se desvaneció, reemplazada por un deseo tan ardiente y feroz que lo asustó.
—Estuviste fuera mucho tiempo —explicó ella con frialdad al llegar junto a él—. Simplemente tenía que ir al baño. Estaba desesperada. No te preocupes. Volveré enseguida a donde estaba, como te ordené.
Cuando ella intentó pasar a