Cristian cerró la puerta de la habitación detrás de ellos.
La luz tenue del pasillo quedó atrás, y solo el resplandor suave de la lámpara sobre el velador envolvía el lugar con un tono dorado.
El silencio era denso, expectante.
Luz lo miró.
Sus ojos, grandes y brillantes, reflejaban todo lo que había callado por tanto tiempo.
Cristian dio un paso hacia ella, lento, con el pecho agitado, como si temiera romper el hechizo que los rodeaba.
—¿Estás segura, muñequita? —murmuró con voz grave, temb