—Agh, mi espalda… —se quejó Roger, en lo que iba de copiloto en el auto rentado y se dirigía a la constructora Parkway, Inc. junto con Taylor.
—No vimos el amanecer… —se lamentó su secretario, haciendo un puchero mientras conducía.
—El cansancio se apoderó de nosotros, fue inevitable —agregó el CEO.
—En verdad quería mostrárselo… —indicó con tristeza.
—No te preocupes, ya habrá otra oportunidad —intentó calmarlo—. No pongas esa cara de deprimido frente a Cristóbal.
—Sí, señor Croce —alegó,