Kamila permaneció en el porche, escuchando el gorjeo de los pájaros. Mike y el perro se habían ido. Su corazón se contrajo. ¿La habría abandonado?
No, él no haría eso. Además, el Durango aún estaba estacionado debajo del árbol. Debía de estar paseando al perro, dándose tiempo para reflexionar sobre lo que fuera que Dwayne le había dicho. Con suerte se daría cuenta de que podía contárselo a ella. No lo mataría compartir sus preocupaciones. Tampoco la llevaría a entrar en un pánico sin sentido, n