Kamila se puso derecha sobre el asiento del conductor.
—No puedo creer que estemos aquí —dijo mientras conducía el Durango entre los pilares de ladrillo hacia el camino de entrada que los llevaba directos a su escapada a la montaña. En la parte trasera del Durango, que había sido entregado desde la Base Anfibia de Little Creek por una compañera de equipo, Terry se quejó, haciéndose eco de su emoción.
—Tienes que cambiar a la tracción a las cuatro ruedas —declaró Mike, con una pequeña sonrisa e