—Kamila, no eres... —se cortó a sí mismo, temiendo ofenderla de alguna manera o que lo tomase por un depravado.
Para variar, ella se mantuvo absolutamente muda mientras él intentaba ordenar sus pensamientos.
—Mira, no voy a traicionar la confianza de tu padre. —Al final, decidió que esa era la excusa más segura—. Él espera que yo te cuide, no que... «Que te joda la vida», pensó con ironía.
—¿Qué te aproveches de mí? —sugirió ella.
—Exacto. —Mike se metió las manos en los bolsillos para disfraz