Nos Están Siguiendo...
—Acaba de verte —anunció Michael, apartándose de la ventana polarizada con un rictus. Sabía que debían haber traído el Taurus, mucho menos molesto que el Centro de Comando Móvil de cuarenta pies de largo.
—No seas ridículo. —Kurt bajó los binoculares y le dirigió una mirada despectiva.
—Lo seguiremos —dijo Hebert, quien dejó su asiento para comprobar la consola del ordenador.
—Espera. —Kurt miró el Durango que ya enfilaba hacia la salida—. Deja que se vaya. Nos supera en velocidad. Además, sabr