Farshad estudió al líder de la Hermandad del Islam con un desprecio que mantuvo oculto tras una piadosa sonrisa.
—¿Por qué los medios dicen que nos atribuimos el mérito del atentado? —lo regañó el imán Abdullah Nasser, de pie ante los seguidores devotos postrados de rodillas—. ¿Acaso ordené la persecución de la hija del general McClellan? —Su voz indignada resonó bajo el techo abovedado de la mezquita.
Los feligreses, la mayoría de ellos musulmanes moderados, murmuraron que no lo había hecho. F