—¿Vives aquí? —preguntó ella, sin dejar de mirar hacia afuera.
—No. Es una casa segura.
—¿A quién más traes aquí?
—No te incumbe —respondió él.
—Claro —asintió ella—. Pero aún me pregunto. ¿A qué te dedicas para tener una casa como esta? —preguntó.
—Me preparo con antelación para lo que mis clientes puedan necesitar —dijo él con sencillez.
Sus miradas se cruzaron. Él leyó preguntas en la suya. Sin embargo, no había miedo, lo cual respetó. Ella no era lo que él había pensado. Quizás no tan inúti