Alguien tocó el timbre y Asher fue a revisar el monitor de la cámara de seguridad. Reconoció al hombre que estaba en el porche. Era James.
—¿Qué tal? —preguntó Asher tras dejar entrar al otro hombre a la casa.
James, un hombre alto y moreno, de ojos grises penetrantes y una cicatriz que le recorría el cuello, se encogió de hombros. —Paul está bien —respondió—. Le sacaron la bala. El médico dice que está bien. Pero perdió algo de sangre.
—¿Alguna herida? —preguntó Asher.
James se encogió de homb